En proporciones aún muy importantes las mujeres simultanean diversos roles: parejas, madres, esposas, cuidadoras, trabajadoras por cuenta ajena, propietarias, etc.. La Comisión de la Unión Europea ha señalado que las mujeres dedican por término medio dos tercios de su tiempo de trabajo a actividades no remuneradas mientras que los hombres dedican apenas un tercio. No obstante sigue sin prestarse suficiente atención al impacto que tal simultaneidad de responsabilidades y esfuerzos tiene sobre la salud y el bienestar de las mujeres así como en el de sus familias. En particular, las madres que trabajan fuera de casa encuentran con frecuencia serios problemas para compatibilizar su dedicación familiar con las obligaciones del empleo remunerado.
Este equilibrio altamente inestable plantea mayores dificultades aún a las mujeres con retribuciones muy bajas que acostumbran a procurar los únicos ingresos familiares y a hacerse cargo del cuidado de los hijos menores y, en muchas ocasiones, del de parientes cercanos8.
Por otra parte,la división del mercado del trabajo en razón del género es un obstáculo a su flexibilidad y limita la oferta. La eliminación de la discriminación en el mercado del trabajo y en el lugar de trabajo es esencial para que la dignidad humana, la justicia social y la cohesión de la sociedad sean algo más que meras declaraciones formales. El mantenimiento de situaciones de discriminación de género y el consentimiento de inaceptables erosiones de la calidad del empleo comprometen gravemente la capacidad colectiva para obtener las condiciones económicas que hagan viable un sistema de pensiones que restituya justicia a la actual situación de las mujeres que han asumido duras responsabilidades de maternidad y de cuidados a sus hijos y mayores con una precaria base de cotización.
Sin embargo nuestro país es uno de los que muestra una menor proporción de mujeres trabajando a tiempo parcial, donde la oferta de plazas públicas para la primera infancia es notablemente escasa y donde se cuenta con una disponibilidad menor de servicios para las personas mayores, siendo predominantes los sevicios de naturaleza asilar en comparación con los servicios de base comunitaria.
Igualmente, la distribución tradicional de los roles de género en la estructura tradicional familiar - la “doble jornada” de las mujeres que trabajan en empleos retribuidos y en el hogar– se reconoce como un serio factor limitativo de la posición de igualdad con los hombres en el mercado laboral, la vida social y la política. Las dificultades de combinar la vida laboral y familiar se contemplan, además, como un posible factor de influencia negativa sobre la salud.
En la discusión acerca de la modernización sostenible de la protección social en Europa se presta atención a lo que se denomina “ política de promoción de la familia” cuyo objetivo general consiste en promover la recuperación de la fertilidad de la población, tratando de aliviar sus costes inherentes –tangibles e intangibles- soportados, ciertamente en una llamativa desproporción, entre madres y padres.
En ausencia de políticas de igualdad que fomenten y protejan la participación, en términos socialmente admisibles, de las mujeres en el mercado laboral y la conciliación del trabajo remunerado y el doméstico, España continuara acompañando a Grecia, Irlanda e Italia en el grupo de países europeos con mayores diferencias entre hombres y mujeres en términos de tasa de empleo.