Todo para ellas pero sin ellas

Un rasgo recurrente de la cultura innovadora de nuestro “sistema de bienestar” consiste en tolerar, e incluso incentivar el discurso del necesario cambio, al tiempo que se desnaturalizan las recomendaciones y se consiente en aplazar cualquier transformación hasta que su eventual realización no surta efectos apreciable. En el ámbito sanitario las peripecias del popular “Informe Abril Martorell” lo convierten en un paradigma del reformismo social español de las últimas décadas.

  • Resulta preocupante la compatibilidad existente entre el reconocimiento del descontento de las mujeres con la escasa sensibilidad y respuesta del sistema público a sus problemas específicos de salud, la admisión de que no debería ocurrir y la predicción de su efecto incentivador sobre el deslizamiento de usuarias desde el  sistema publico hacia el aseguramiento y la medicina privados. La mayoría de los panelistas, sin que ningún grupo destaque por encima de los demás, manifiestan una muy limitada confianza en que se altere la capacidad del sistema sanitario para reconocer, prestar atención y  dar legitimidad a las  preferencias, experiencias y juicio  de las usuarias en la toma de decisiones clínicas.
  • Los pronósticos relacionados con el proceso de articulación de las necesidades subjetivas en demanda individual de salud y servicios sanitarios exhiben también la  comentada dicotomía entre la afirmación mayoritaria de las  aspiraciones a que la usuaria se convierta en el auténtico centro del sistema sanitario público aumentando su capacidad de participación, de autonomía y de elección informada y la escasa convicción de ocurrencia, mayoritariamente compartida.
  • Nada parecido al “derecho de objeción” – negativa a admitir intervenciones sin probada eficacia científica por parte del paciente - va a consagrarse formalmente para  una mayoría de panelistas casi tan considerable como la mayoría que desearía que eso se produjera en las relaciones médico-paciente. Por lo menos en el ámbito de la medicina pública.
  • Los profesionales son quienes más se oponen a admitir que la ampliación de la capacidad de decisión de las usuarias se realice a costa de relajar el filtro de la Atención Primaria para acceder directamente a la atención especializada en la salud de la mujer.
  • También se constata que son los profesionales sanitarios, en contraste con el resto de los componentes del panel, quienes se muestran menos favorables a que la consideración asistencial específica a los problemas de salud de la mujer vayan más allá de la sexualidad y la reproducción.
  • Finalmente, frente a la ausencia de ambigüedad en la expresión unánime de lo deseable que es que las mujeres se incorporen en proporciones crecientes a la cúspide de los órganos de decisión de la política y la gestión sanitarias para la integración de la perspectiva de género, debe considerarse lo que significa que  un treinta por ciento de los consultados den por descontado que eso no va a suceder  y que el resto muestre indeterminación en el pronóstico de ocurrencia.
 
La persistente invisibilidad del género y el sexo en la investigación biomédica.

De todos los premios Nobel concedidos desde el comienzo del pasado siglo, 457 han sido otorgados a  hombres de  cuyos equipos científicos  formaban parte mujeres y sólo 11 a mujeres. Pese a que desde hace 25 años en las aulas de las facultades de ciencias de la salud la presencia femenina es mayoritaria, en nuestro país aun no existe ninguna catedrática de Ginecología u Obstetricia. Tal vez esta constatación permita comprender algo más la permanencia, aún documentada, de resistencias a la inclusión sin excepciones del punto de vista de género en las estructuras de gobernabilidad, la gestión y la realización de la actividad científica en biomedicina.

Tampoco lo que se espera de la actividad científica se libra, atendiendo a los resultados de la consulta, de un poco velado escepticismo. En este sentido presentar a estas alturas como si fuera un logro que una proporción mayor de recursos para nuestra investigación se asigne a mujeres resulta particularmente significativo e indica el trecho que queda por recorrer para erradicar el sesgo involutivo de género en cuanto a estrategia, relevancia social, priorización y producción de conocimiento y aplicación clínica.

  • En  el enfriamiento de las expectativas expresadas  acerca de que la priorización de la investigación sea especialmente relevante con los problemas de salud tradicionalmente desatendidos, probablemente juega un papel importante el destacado nivel de verosimilitud que los propios panelistas  otorgan  al pronostico de que la “medicalización” y la atención selectiva de los especialistas y “expertos” suelen dirigirse y focalizarse en las oportunidades de mercado  y de prestigio asociadas a la innovación tecnológica que no siempre es congruente con las necesidades sanitarias percibidas por las  mujeres.
  • Para concluir, es alentador comprobar la unanimidad que el panel muestra en la formulación de aspiraciones comunes de progreso en el incremento de la incorporación de mujeres a la investigación biomédica, la priorización de líneas de investigación sobre problemas de salud  de la mujer reiteradamente desatendidos – aunque la esperanza de  que eso vaya a producirse es mucho menos pronunciada - así como de que se corrija el sesgo existente en la proporción de participantes de cada sexo en  el diseño de los proyectos de investigación.